“El hombre está descentrado, porque está centrado en sí mismo”, decía mi profesor de Teología. “El hombre” no es el técnico de la selección argentina, pero bien podría caberle el dicho. Así que hagámosle un favor y evitemos poner el centro en él. Hablemos de lo que pasa en otros lugares del mundo.
Como argentinos que somos, soberbios e ignorantes, algunos pensamos que las eliminatorias para Sudáfrica 2010, salvando el caso de Uruguay, terminaron hoy. Pero la verdad es que falta un trecho. Y no sólo en Europa, hacia donde siempre miramos, sino también en África, Asia y Oceanía. Y mirar hacia esos lugares nos permite descubrir algunas cosas pintorescas, como los seudónimos de los equipos, de las selecciones nacionales de fútbol.
En estos días están jugando los
Kiwis (u
All Whites, de Nueva Zelanda) contra los
Rojos (Bahrein) por la última plaza Asia-Oceanía en el mundial. En un duelo de tenor aéreo, las
Águilas de Cártago, magnífico nombre con el que llaman al equipo tunecino, compiten contra otras águilas, las
Verdes de Nigeria, que ya nos han dado alguna amargura hace tiempo. Y los
Faraones, nombre que ya imaginarán a quien pertenece, se las están viendo difíciles en su camino al otro extremo del continente, pues a la par corren rápidos los
Fennecs de Argelia.
Si miramos a Europa, restan definirse cuatro puestos, y por ellos luchan ocho equipos. Conocerán Uds. a Les Bleus, que aún no clasificaron. Pero creo que el nombre más llamativo de esos ocho se lo lleva el equipo griego: Το Πειρατικό (El barco pirata).
Finalmente aquí, en América, los
Ticos, de Costa Rica, van contra los
Charrúas de Uruguay por la última plaza americana. Mientras que sus vecinos, los
Catrachos (aquellos que Clemente llamaba “pataduras”), dieron el golpe y recuperaron la clasificación directa para su país, Honduras.